Una aventura largamente esperada.

 


Miraba el ferri acercarse, desde la estación San Marco, se había adelantado para comprarle un regalo a su prometida, sólo necesito de un poco más de 1 hora para conseguir el regalo perfecto, una pulsera tejida, al parecer de muy buena calidad, con los dos colores de la bandera de Veneto, rojo y amarillo que por casualidad o destino eran también sus colores favoritos. Decidió a último momento comprar también un mantel, el cual pensaba encuadrar y que se vería extraordinario colgado en su sala de estar, en el mantel se mostraba el león veneciano junto con un mapa de la ciudad.

Ella tardo un poco más de lo esperado, pero que importaba, esa pequeña ciudad tenía infinidades de rincones en los que la mente y el cuerpo podían divagar sin el mínimo rastro de aburrimiento, sin embargo decidió esperarla sentado, cerca del campanario de San Marco, dado que ninguno de los dos tenía teléfono, resultaba de lo más sencillo verse separados.

Ella, como siempre, tan meticulosa, había ideado un sencillo plan, puntos a través de toda la ciudad, en donde podían encontrarse si esto sucedía, sólo tenían 1 semana para disfrutar de aquel viaje tan largamente esperado, y ninguno de los dos quería ver una roca, una tienda o una góndola con su peculiar música sin estar en compañía de su amada contra parte.

Cuando llego, luego del común beso semi apasionado, auspiciado por tal ciudad que parecía irradiar amor, le mostró el mantel que había comprado, el cual le encanto, y luego de la común pregunta “¿Te adelantaste 1 hora para comprarlo?” le dio la pulsera, con lo que sus ojos, radiantes de una luz jamás vista para el en ninguna otra mujer, lo miraron, y sin decir una palabra, sonrío, lo tomo de la mano, y lo llevo casi corriendo hacia la basílica de San Marco,  donde comenzaría su aventura.

Al final del día, no habían salido de la plaza. Luego de tomar un almuerzo sencillo y gastar en unos helados más de lo que jamás habían gastado en unos helados y de por supuesto pasar un par de horas en la basílica, admirando cada detalle, que ella, por ser estudiante de arte, podía saborear mejor que el, lo cual por supuesto importaba poco, por el simple hecho de ver su alegría y escuchar cada historia que podía contar o adivinar de aquellas pinturas, el era feliz, inimaginablemente feliz. Decidieron dar el día por más que realizado y regresar al hotel para “Descansar”, lo cual ambos sabían que no harían tal noche.

Durmieron solo un par de horas, la noche se paso entre besos apasionados y caricias amorosas, charlas infinitas, razón principal de su amor, y al final: la decisión de dormir un poco.

Despertó con la primera luz del sol, la cortina entreabierta para apreciar el comienzo de un nuevo día, típico de el. Lo sorprendió el hecho de ver que la cortina era de un color extrañamente púrpura, y no rojo, como podía recordar de la noche anterior, estaba un poco incomodo, al parecer había dormido sin almohada, miro a su lado, y su prometida tenía cabello negro azabache, a diferencia del marrón miel que tanto amaba.

Se paro de la cama, con el pulso y la respiración acelerados, descubriendo que en si, toda la habitación parece ser diferente, busca en su mano el anillo que ella le regalo, el día que perdió el anillo heredado de su padre, sus manos estaban tan vacías de joyería como nunca en su vida.

De su trance sólo logra arrancarlo la voz de una niña, una dulce voz que llego a su vida hace poco más de 7 años. Era su hija, cabello dorado al igual que el, se frotaba los ojos mientras se acercaba para su abrazo matutino, bostezaba. Junto a ella su otra hija, 3 años mayor, de cabello azabache al igual que su madre, ambas con ojos tan hermosos como aquella que en su mente aun era su prometida.

Mira a su lado, y ve a una mujer, su esposa, la cual recuerda ya no amar, sigue en Venecia, es su último día allí, el viaje no fue largamente esperado, fue más bien el último intento por mantener unido un matrimonio basado en intereses en el cual seguían juntos sólo por el amor a esas dos niñas, que cuando se dio cuenta, estaban en sus brazos.


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