La luna roja con respecto a nuestra sociedad.


Dado que la noche del 15 de abril, 2014, aprox. A las 3am (CSS) hubo un eclipse lunar, lo cual causo que nuestra luna, el único acompañante estelar que tenemos y hemos tenido, se “Tiñese de rojo” pensé en tomar en cuenta el impacto que esto tiene en nuestra sociedad, a comparación con el impacto que tenia hace unos siglos.

Si tomamos en cuenta el impacto que este acontecimiento tuvo en nuestra sociedad, podríamos resumirlo en que, por sobre todas las cosas, causo mucha actividad en las redes sociales, personas qué no sabían que la luna podía “Teñirse de rojo” o qué no conocían de un eclipse lunar, lo hicieron, del día a la mañana, gracias a los millones de post generados en torno al acontecimiento por venir. Y una vez que pasó, toda esa actividad desapareció, al igual que la tonalidad rojiza de nuestra luna, sólo quedo el recuerdo, para personas como yo, que es su primera vez viendo este evento mundial, patrocinado por el universo y sin costo alguno, más asombroso por cierto que la mayoría de películas que hoy por hoy cuestan un ojo de la cara (en cine), así como sólo quedo el recuerdo, también quedaron algunos vestigios de esa enorme actividad mundial generada a lo largo de unos días.

Que resumen tan zonzo. Pero, a mi parecer fue el mayor impacto social, lo que más genero contenido, influencia, lo que más hizo a las personas hablar, aprender y sobre todo, desvelarse para observar este peculiar evento.

¿Qué sucedía entonces con la reacción social hace unos siglos? ¿Hace 200, 500, o 1000 años? Si la actividad inusual de contenido en las redes sociales, y redes informativas en general, fue lo que caracterizó este eclipse lunar, entonces qué caracteriza a este mismo evento, pero separado por cientos de años? Y que incluye exactamente a la misma raza, pero con diferente ideología y conocimiento.

Bueno, pues, adivina, si en este siglo XXI el eclipse solar genero asombro y felicidad, hace cientos de años generaba también asombro, pero por sobre todas las cosas, miedo. Siempre hemos sentido dos cosas principalmente ante eventos de gran magnitud y de los que desconocemos: miedo/terror o asombro/fascinación. Hasta ahora, en esta era de conocimiento fácil de adquirir, en donde somos “Sabelotodos” en comparación con nuestros antecesores. Y es por esto que hemos dejado de sentir terror ante cualquier evento fuera de nuestro control, sobre todo porque hemos perdido miedo a los antes tan poderosos dioses.

Una luna roja: ¡El fin del mundo! ¡El apocalipsis! ¡La llegada del salvador! ¡La profecía _________ se avecina!

Pues no. Simplemente es un eclipse, ¡sorpresa! El mundo no se acabara, en 1 ó 2 horas todo volverá a la normalidad, así que siéntate y disfruta. No hay razón para correr en círculos pidiendo perdón a cualquiera que sea tú dios. Y por muy tonto que esto suene, parecería una locura total hace cientos de años, en donde cualquiera con la suficiente elocuencia podía influir a centenares sino miles de personas, haciéndoles creer que algo tan hermoso como lo presenciado, era nada menos que la prueba irrefutable a la profecía más descabellada posible.

Así que, sonríe, alégrate de vivir en esta sociedad, en donde tenemos teléfonos más inteligentes que personas, y conocimiento suficiente para disfrutar como es debido las maravillas del universo.Image


2 comments:

  1. Muy bello todo lo que dices y muy fresco, me gusta ese estilo. Pero debes tomar en cuenta viejito, que los escritos del Apocalipsis datan del AD 60, o sea, casi 2mil años. El mundo no se va a acabar per se, ese es el problema, debes entender que el mundo NO puede acabarse aunque nos acabásemos nosotros. Lo que sucede, es que este tipo de eventos estelares siempre han estado conectados con eventos en nuestra sociedad de envergadura importante y por como tal se espera que muchas cosas cambien en lo próximos años referentes a nuestra consciencia. Como lo dices, es la era de la información donde todo lo conoce todo el mundo, pero es momento de empezar a conectarnos más aun y ver más allá, porque por como vamos estamos en el camino a nuestra propia destrucción, no por manos de un Dios supremo, sino por nuestra propias manos, como pequeños dioses etéreos que somos.

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