Lo atractivo de lo desconocido.

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Escuchaba una canción, tiene dos oraciones en francés, una al comienzo y otra a mitad de la canción. Esas dos frases para mi, aumentan muchísimo mi aprecio por la canción. Entre frustración y atracción decidí buscar su significado, y bueno, en que lenguaje eran, aunque asumía que francés. La segunda frasé significa -uno, dos, tres, cinco-.

Uno, dos, tres, cinco.

Algo tan simple y aún así tan complejo ¿Cuántas veces necesitaría escucharlo para descifrarlo? No es tan complejo, y aún así tan evasivo a mi entendimiento, llamativo y brillante sólo por el hecho de mi falta de conocimiento, lo desconocido puede muchas veces ser de lo más atractivo. Lo oculto grita a nuestros sentidos pidiendo atención, o incluso murmura, porque sin poder evitarlo enfocaremos nuestra atención hacia lo desconocido.

Por miles de años, desde que tenemos la capacidad de levantar la mirada, hemos visto a el cielo y nos hemos maravillado y temido por lo desconocido que existía en la oscuridad de la noche y el brillo del día, a tal punto de en nuestro afán de entenderlo lo idolatramos, hasta el día de hoy, nuestro conocimiento es poco a pesar de haberse escrito tantos libros al respecto.

Lo desconocido es atractivo, porque lo que conocemos sólo representa seguridad, una seguridad que siempre quedará allí, y en la que podemos confiar, pero que nos dejó de sorprender hace mucho, y si somos algo, es seres que les encanta sorprenderse.

Sorprendente la sorpresa que nos llevamos siempre que descubrimos aquello que desconocemos.


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